Antes de 1990, Chile no era un destino popular para los inmigrantes como sí lo eran Argentina y Venezuela. Sin embargo, en la década de 1990, y durante los años venideros, esa tendencia se revirtió. Contrario al camino que tomaron Argentina y Venezuela, Chile amplió las libertades individuales, dio estabilidad a su política e instituciones, y otorgó mayores oportunidades socioeconómicas y culturales. Esto resultó en que nuestro país se convirtiera rápidamente en uno de los destinos más atractivos de América Latina para inmigrantes que dejan sus países buscando una mejor calidad de vida.
Aun así, hasta el año 2015, Chile continuaba siendo un país con baja penetración de inmigrantes. En 2016, el economista Ricardo Hausmann decía que la economía chilena no crecía porque Chile «está lleno de chilenos», apuntando a los potenciales beneficios que un mayor número de inmigrantes podría significar para nuestro país. Desde entonces, la historia cambió radicalmente. Si entre 1992 y 2015 (23 años), el stock de inmigrantes como porcentaje de la población total de Chile creció 240%, entre 2015 y 2023 (8 años) esa misma tasa creció 260%. Así, en 2023, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile y sus estimaciones de población provenientes del Censo 2017, alrededor de 1 de cada 10 habitantes en Chile era inmigrante.
Una política migratoria desactualizada y la falta de control migratorio en pasos no habilitados en Chile —además de la falta de interés político por solucionar estos problemas—, sumado a las múltiples crisis económicas, políticas y humanitarias que experimentan otras naciones de la región, fueron la receta perfecta para que, en muy poco tiempo, la población extranjera en nuestro país creciera de forma anormal. Así, por ejemplo, entre 2017 y 2023, el stock de haitianos y venezolanos viviendo en nuestro país creció 177% y 710%, respectivamente.
Efectivamente, existe amplia evidencia internacional que respalda la tesis de Hausmann. Una población inmigrante más numerosa puede resultar en un mercado laboral más robusto y menos costoso, más emprendimientos e innovaciones, e incluso mayor recaudación fiscal (neta de gasto en inmigrantes) para el Estado. Sin embargo, y a pesar de que en Chile sí recibimos esos beneficios económicos, estos se ven opacados por una alta tasa de inmigración irregular que, a su vez, trae consigo problemas que tensionan las relaciones entre nativos y extranjeros: importación de crimen organizado (eg. Tren de Aragua) y de nuevos tipos de crímenes (eg, sicariato y extorsiones), mayor comercio ambulante, nuevas costumbres en la vida civil y laboral, por nombrar algunas.
